Levedad

En los dibujos de Levedad (Quito, 2006), continúo con mis investigaciones en torno al vacío, a la naturaleza, a ciertos mitos, como el de Pegaso, el caballo alado símbolo de la inspiración creadora.  La levedad como concepto va tomando fuerza, “…he de cambiar mi enfoque, he de mirar el mundo con otra óptica, otra lógica, otros métodos de conocimiento y de verificación…”. Así ocurre en el mito: “…para cortar la cabeza de la Medusa sin quedar petrificado, Perseo  se apoya en lo más leve que existe: los vientos y las nubes, y dirige la mirada hacia lo que únicamente puede revelársele en una  visión indirecta….”[1]

Pero no solo la levedad. En esos dibujos la presencia es fundamental.  Presencia en cada línea, en cada fragmento, en cada mínimo espacio, como un holograma que continuamente nos habla del espacio total.  Presencia en la que espacio y tiempo se penetran mutuamente.  Intensa presencia que invita al espectador a su propia presencia, como un deseo de totalidad e interiorización.

 

Llamamos interiorización al retorno de la atención hacia eso que está más cerca de nosotros…

… el signo de la interiorización madura, es el que nada percibimos como exterior a nosotros…

… podemos y debemos permanecer interiorizados inclusive cuando estamos en contacto con el mundo “exterior”,

¡de todas maneras todo acontece en nuestro interior!, la única diferencia es que desde ahora nos daremos cuenta.[2]



[1] Italo Calvino, Seis propuestas para el próximo milenio, Madrid,  Siruela, 1988, p. 20 y 23.

 

[2] Jean Bouchart D`Orval, Les Yoga Sutras de Patanjali, Montreal, Editions du Relié, 1992.