María Isabel Hayek

La totalidad, un mapa posible

Cartografía Interior, Arte Actual FLACSO, Quito, 2012

Un viaje. Un viaje que une, aproxima, conecta o, mejor dicho: vuelve a unir, vuelve a juntar ?a reunir, a religar? aquello que anhelamos, intuimos, imaginamos y buscamos. ¿Unión o reunión de qué? De lo humano con lo divino; de lo espiritual con lo físico; de la mente y el cuerpo; de la superficie con la profundidad. Más aún, como la artista describe el proceso, es “la disolución de lo pequeño en lo grande, de lo múltiple en lo uno, de lo individual en la conciencia universal.”1

Este viaje es el que nos han ofrecido la artista Pilar Flores y el músico americano Michael Blanchard en Cartografía interior, un auténtico y original documento acerca de una experiencia meditativa y creativa en la que se fusionan, con admirable coherencia, una disciplina física y mental de milenaria trayectoria, el yoga, con un ejercicio estético que propone un recorrido en espiral, que procura comunicar al espectador con un mapa simbólico en el que se encuentran conjugados signos de diversos lenguajes: sonidos primordiales sutiles y cíclicos, espacios en blanco, mandalas y palabras de distintas procedencias.

En un medio y en un tiempo donde la norma es el bullicio, el estrépito, el show, la necesidad de mostrar; en una época en la que el consumo lo devora y acomoda todo, es un verdadero desafío invitar al otro a hacer un recorrido por una geografía ignota, paralela u opuesta a ésta por donde surcamos a diario, donde los paisajes, las regiones y sus habitantes nos son tan familiares, aun si guardan algún misterio.

Una cartografía interior supone un desplazamiento por parajes desconocidos, apenas intuidos, cuyo relieve y vegetación, cuyos espacios y paisajes están hechos de otras fibras, tienen otra consistencia, otras formas de manifestarse y devenir. Y si como los geógrafos -unos afectos a la localización, otros a la comparación, unos a la explicación, a la descripción, a la observación? nos internamos por esta geografía paralela, pronto descubrimos que se trata de un viaje que requiere calma, mucha calma…

Atravesar la intimidad del ser, la geografía profunda, demanda de ciertas provisiones inusuales: el despojamiento, el aprender a desnudarse, a sintonizar con la levedad. Pilar Flores ha venido trabajando consistentemente en torno al concepto levedad, expresión cabal de su búsqueda espiritual, simbolizado en un elemento tan sutil como el aire. Ella misma ha declarado que se ha dispuesto a mirar el mundo con otra óptica y recuerda  el mito de la Medusa:

…para cortar la cabeza de la Medusa sin quedar petrificado, Perseo se apoya en lo más leve que existe: los vientos y las nubes, y dirige la mirada hacia lo que únicamente puede revelársele en una visión indirecta.2

 

Adentrarse en la profundidad del ser exige un ejercicio sostenido y prolongado de sintonía con los ecos de otros lenguajes sobre la memoria, de nuevos conocimientos sobre la conciencia: el ser que alcanza la unidad, el arduo y a su vez maravilloso hallazgo de formar parte de un todo que no separa al sujeto del objeto. Recorrido este que, en definitiva, deshace, des-anda el trayecto aprendido durante años en nuestra existencia…; recorrido que va borrando las fronteras entre lo espiritual y lo mundano… Recorrido que, a su vez, recoge las huellas de individuos y colectividades labradores de caminos inversos, en los que se escucha, en soledad y en silencio, las reminiscencias de lejanas palabras y sonidos emanados desde la hondura de una convicción: la meditación es una práctica para alcanzar el equilibrio, la anulación del sufrimiento gracias al arribo de la no-diferencia, que no es otra cosa que la unión de lo individual con lo universal.

 

Entonces, el levantamiento de nuestro mapa interno supone una vivencia temporal y espacial inusual: parecerían disolverse las distancias entre lo que reconocemos como ser y estar, porque estamos siendo y somos estando en una dimensión de sintonía tal que la mente –y el cuerpo- se amalgaman entre sí y con el entorno, alcanzan el estado y la que podría llamarse esencia de la unicidad. Hacia allá apunta la meditación. Hacia allá apunta el seguimiento de esta versátil pero enigmática ruta mostrada por la artista, continuación de un minucioso tejido elaborado pacientemente, como prolongando la red que constituye la naturaleza, literal y metafóricamente hablando. Pilar Flores ha dicho:

He tratado de descubrir  poco a poco la  unidad de las cosas, que guardan siempre relación unas con otras en un juego dinámico, sin que nada quede fuera de esa interdependencia.3

 

De ahí que haya sido y siga siendo una constante en cada una de sus entregas la relación del espectador con el espacio y la obra. Es una invitación a una exploración estética que procura el alejamiento de un tiempo y una espacialidad concretos. Más bien, como lo señala la propia artista, debe ser una experiencia similar a la de acceder al mito, porque a través de él es posible ingresar a un no-tiempo, a la lógica del símbolo hecho de palabras, para dar forma al misterio de la vida humana en su relación con el cosmos. Y esto se palpa en Cartografía interior, sobre todo a través de los mandalas luminosos que acompañan las palabras de varias lenguas y los sonidos de un cuenco tibetano, un tambor y una flauta.

 

Estos círculos coloridos de una perfección sorprendente ?aun aquellos en los que se intuyen integrados ciertos fractales? traducen simbólica y armoniosamente la intensidad del proceso meditativo y lo que es un espacio sagrado; son sinónimo de templo. Los mandalas de esta obra, cuya textura y diseño deriva de anteriores trazos de la artista, se asemejan al tejido de un velo tenue y delicado; diagraman el cosmos, en un sentido externo, y en un sentido interno son una puerta hacia las zonas más íntimas del ser humano; tienden a hacer desaparecer las oposiciones entre lo desintegrado y lo integrado, lo difuso y lo concentrado, la apariencia visible y la realidad invisible, del espacio temporal a lo intemporal y extra espacial.

 

Pilar Flores y Michael Blanchard nos han ofrecido un viaje por derroteros desconocidos. Una experiencia estética inédita. Un viaje con y sin la mente hacia ella misma, acompañados del aire; acompañados de diversos lenguajes y de sonidos primordiales ?vibraciones, latidos, soplos como vuelos de largo aliento? que pautan el diálogo entre cuerpo y espíritu. Un viaje en espiral, cargado de levedad. Un retorno.

 

M. Isabel Hayek, marzo de 2012

 

 



1 Entrevista a Pilar Flores publicada en Diario El Comercio, enero 22 de 2012.

2 Calvino, Italo, Seis propuestas para el próximo milenio, citado por P. Flores en Geografía interior, p. 16.

3 Flores, Pilar, Geografía interior, Quito, enero de 2012, p.13.